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PELÍCULA

Ficha técnica

The tale

The tale


Intérpretes: Laura Dern , Elisabeth Debicki , Jason Ritter , Isabelle Nélisse

Título V.O.: The tale
País: Estados Unidos Año: 2018
Fecha de estreno: 27/04/2018
Duración: 114 minutos
Género: Biográfica



Sinopsis

Autorretrato de la documentalista Jennifer Fox en que expone su compleja vida interna y emocional en la que entra siendo ya mujer a partir de los relatos que escribió con sólo 13 años.  Esta es sólo una de  los millones de historias de niñas (y niños) que se autoengañan y crean una realidad alternativa cuando han vivido algo de impacto emocional.  Pues por mucho que el ser humano tenga gran capacidad de adaptación, tarde o temprano, sufrimos las heridas; al final, no olvidemos que nuestros cuerpo tienen una memoria infinita y todo queda dentro de nosotros, le demos espacio o no.




N5


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Nuria 06 agosto 18

Seguramente una de las mejores películas de este año (si no la mejor) siendo una lección de valentía y desnudo emocional con un reparto que lo eleva a lo divino. Brillante muestra de la realidad más real que existe, la vivida por alguien en primera persona durante la infancia y teniendo que reconstruirla en la edad adulta. Esta persona es Jennifer Fox, directora y guionista de la novela con que inició todo este proceso creativo y de recorrer su verdadera vida a partir de lo que creía cierto por ser lo que recordaba (o quería recordar). Así, la creadora de esta OBRA MAESTRA con mayúsculas es la mismísima protagonista de toda la trama encarnada por Laura Denn, quien no podía ser una elección más acertada. Con esto, para nada desmerecer al resto del reparto, especialmente los papeles femeninos que son de lo más esencial y genuino. Y en especial, la enorme Isabelle Nélisse (Jennifer de 13 años).

Imposible no utilizar algunas palabras clave para referirse a esta película. A riesgo de spoiler, más adelante avisaré y pasaré a profundizar en lo que se intuye en todo momento y es la parte nuclear de la película. Pero aún no. A estas alturas de la reseña, sólo comentar que es la película con menos ficción que nunca he visto. De hecho, siendo Jennifer Fox documentalista, casi que me atrevo a decir que la dosis de fidelidad y difícil transparencia que se dan en esta cinta es superior a lo que se puede encontrar en cualquier documental.
Sorprendida, gratamente sorprendidísima por esta producción estrenada en HBO y no en cines por la excelencia, y natural sencillez con que se relata una historia, lamentablemente muchas veces contada y muchísimas más callada. Ahora bien, nunca contada con tanta calidad, sinceridad e intimidad.

The tale, podría traducirse por el cuento. En principio o a nivel genérico, es el cuento que cada cual nos contamos sobre nuestra vida. Como no puede ser de otra manera, de explicar nuestra vida, contamos lo que recordamos. ¿Pero que ocurre con la memoria? ¿Hasta qué punto podemos fiarnos de ella?. Pues, nadie me negará que cuando se trata de datos, pongamos esa memoria que recopila conocimientos, muchas veces nos olvidamos, no recordamos ni haberlo estudiado o lo tenemos completamente confundido. Tampoco importa demasiado, la memoria es adaptativa, olvidamos toda aquella información que no necesitamos en el día a día para poder almacenar nuevos conocimientos y actualizarnos adaptándonos a la vida que nos toca. ¿Pero qué ocurre cuando hablamos de nuestra memoria biográfica? ¿Qué pasa cuando los recuerdos se ven influídos por emociones? ¿Qué pasa cuando esa capacidad de adaptación de la memoria nos impide reconocer la realidad y por lo tanto, nos impide reconocernos de una manera auténtica?. Pues ocurre que muchas veces, tal cual vivimos y tal cual morimos. Nos ocurren situaciones más o menos llamativas, tenemos sueños, o tenemos sensaciones que no sabemos explicar, pero si no entramos más, ahí queda, en ciertas incongruencias y malestar. En otras ocasiones, lo que ocurre es que un detonante, inevitablemente hace que todo salga a la luz. Entonces es cuando una persona cualquiera, decide empezar a desenmascararse para descubrir no los secretos que tiene ante los demás, sino lo secretos que tiene hacia uno/a misma. ¿Y esto por qué ocurre aparentemente tarde? Porque la batalla entre la cabeza que nos que la sociedad nos ha formado sobre tabues, "educación", prejuicios, credibilidad, victimismo, poder etc, gana durante mucho tiempo a lo esencial: que nuestro cuerpo tiene memoria y que cada una de nuestras células almacena desde que nace todo aquello que siente. ¿El misterio? que no solemos ser conscientes de ello, sin embarho, ¡ahí está y nos afecta de un modo u otro!.

Cualquier proceso de crecimiento personal precisa de un autoconocimiento que sin duda y necesariamente precisa de reflexión y conectar con el niño/a interior de cada cual. En el caso de esta película, no se trata de un proceso del todo voluntario ni terapéutico (aunque resulta serlo). A partir de unos escritos que la madre de Jennifer descubre con respecto a unos veranos en su adolescencia, la Jennifer adulta empieza a ponerse conectar con la niña que fue. La Jennifer adulta, exitosa documentalista y profesora de universidad, prometida y con una vida aparentemente de éxito pasa por fases de curiosidad, negación, duda, autocorrección, decepción, confusión, enamoramiento, secretismo, dolor, desencanto, soledad, enfado, reconciliación... Especialmente duro lo que la Jenny niña tiene que contar, y delicadamente dulce la manera en que lo cuenta. Todo este entramado, en que poco a poco, la Jennifer adulta va recordando y contrastando lo que creía cierto con la versión de la niña, es lo que hace que la película sea excelente y recomendable. Esos pasos adelante y hacia atrás para encontrar la realidad y enfrentarse a ella... es indescriptiblemente magnífica. Sin ser exactamente un thriller con giros argumentativos, se va enfocando poco a poco lo que de hecho Jennifer vivió contrastándolo con la visión de la adulta actual.

Antes de iniciar la cinta, ya queda advertida la dureza de la película y probablemente, aunque la considero recomendable, admito que no es recomendable para cualquiera. Pues, puede herir sensibilidades y realmente es fuerte la franqueza con que se cuenta (seguramente por eso no se encuentra en cines). A nivel de imágenes no es que haya nada estrictamente violento, no obstante la crudeza de lo vivido por esta niña (y el imaginar la cantidad de millones de historias similares que existen) es lo que realmente sobrecoje.

Como me quedé al finalizar la película fue con la sensación de haber vivido algo tremendo, absorbida por la pantalla. Largometraje como para aplaudir durante minutos y más. Y a la vez, una sensación de malestar en el estómago y casi de náuseas con una mezcla de tristeza y disgusto que, por lo menos a mí, me hizo sufrir. Pues para mí, la propuesta de Jennifer en esta versión para la pantalla del escrito de su Jennifer niña es una inivtación a que la acompañemos a lo largo del sufrimiento, del recuerdo y de la aceptación al descubrir la verdad desde la visión de la niña siendo ya mujer. Le sigue la necesidad de catarsis de tales emociones nunca liberadas y siempre reprimidas. Y no acaba sin el inicio del poder sanador de la reconciliación con tales circunstancias que nadie puede borrar ya, y que, deprorablemente es algo con lo que convivir el resto de la vida.

Al final, una de esas películas que me causan dicotomía porque volvería a ver para poder disfrutar más a nivel intelectual del entramado tan perfecto que se va hilando de principio a fin, sin dar giros ni sorpresas y no obstante, temiendo que ocurra lo esperable, que de hecho es lo peor que puede pasar. Y la vez, no volver a querer saber más de la película por la crudeza y la frecuencia con que estas historias se dan y por lo que tantas personas adultas hoy en día están destrozadas. Pues no es la primera película que trata esta temática que haya visto, y a la vez, ninguna me ha dejado "resaca de impresión" durante tanto tiempo.

Con lo que me quedo es que, si los niños y niñas son el futuro, es super importante que los adultos tomemos la responsabilidad de no perpetuar el dañarnos generación tras generación y empezar a entender que sanar nuestro pasado y nuestras emociones es el mejor antídoto para sanar la sociedad y el mundo.

 

¡Ahora sí seré SPOILER! ¡No sigan leyendo si no quieren conocer el núcleo del relato en sí y el valor terapéutico de la misma!
Jennifer pertenece a una família numerosa típica, con un padre bastante ausente y madre estricta y algo desbordada. Se siente poco escuchada, poco tenida en cuenta y tratada como una niña. A partir de un verano en que ella cree tener 15 años, empieza a acudir a una granja en la que hace equitación. No obstante, todo lo que relata y que hará a la Jennifer adulta descubrir la verdad de su vida con respecto a sus primeras relaciones sexuales, es de cuando tenía 13 años. Allí conoce a una mujer a la que admira, la Sra G, quién será su profesora de equitación. Pronto, desde el primer instante, Jenny ya la estima unida al entrenador Bill.

Muchas de las críticas, crucifican al personaje de Bill, por ser un adulto de casi 40 años que mantiene relaciones sexuales con la Jennifer de 13 años. Para mí, el personaje es fascinante y esta película es buena incluso presentando tal cara de nuestra sociedad que quedan personificadas en él. Para mí no sólo es horripilante que una persona pueda hacer algo así, sino que lo supera el cómo fallamos a nivel social como para que haya una cantidad incalculable de personas que actúan así y muchas veces, el daño quede invisible.
En cambio, me parece poderosísima la manera en que se trata la figura del abusador y su manera de actuar. Se hace todo un retrato de lo que es una persona que abusa de menores y la dificultad para detectarlo o probarlo por la sutilidad y delicadeza con la que se suele llevar a cabo. Pues, es fácil pensar que la persona pederasta o que abusa de menores es alguien que brutalmente viola a un niño o niña. O cuanto menos, lo que he visto en películas que tratan este mismo tema, se presenta a la persona como alguien repugnante. Lo cierto es que abusa, mantiene relaciones sexuales con una persona que aún no tiene criterio suficientemente maduro como para poder decidir. Además, existe un juego de poder, en el que hay una persona adulta que seduce y manipula a el/la menor de edad. Tristemente, como la vida misma. Como se muestra en esta película, el típico abuso de menores cuando no tiene lugar dentro del hogar, es tal cual se relata. Bill, como persona adulta y con cierta autoridad ante la niña, se gana el cariño, la admiración, la confianza y la fidelidad de Jennifer, una niña por la que siente enamorarse sin poder ver que no es mujer, que es una niña. Poco a poco y con delicadeza se acerca a ella de una manera tan siniestra que puede revolver el estómago. Esta es la sensación extraña que sin duda, en ocasiones recuerda Jennifer cuando es adulta. Sin embargo, la niña, no suele saber exactamente de lo que se trata, precisamente porque es niña y aún no está `preparada para ello. Bill se toma su tiempo e insiste en penetrar a la jovencita a pesar de la obviedad de que los cuerpos de ambos difícilmente están hechos para encajar además de que el cuerpo de una niña aún no puede lubricar ni disfrutar de ciertas prácticas sexuales. Ciertamente, deja malestar por todo lo que la protagonista transmite y el clima que entre los escenarios y el resto del elenco de actores y actrices conceden a la obra.
El relato es completo porque además de víctima y agresor, hay personajes satélites que queriendo o sin querer son cómplices. Especialmente, los personajes de Mrs. G y la madre de Jennifer representan esta sociedad. Mrs G sería quien favorece que situaciones de este tipo se sigan perpetuando, seguramente porque no superó lo que a ella le sucedió, sigue en el mismo camino sin ser capaz de cambiar. Y la madre de Jennifer, no es capaz de atender a las sensaciones que le quedan en el cuerpo cuando va notando los cambios que se producen en su hija y la tensión ante el agresor. De nuevo, representación más que real de que muchas veces tenemos delante algo que no queremos ver y no podemos afrontar. Todo esto, sin duda alguna provoca remordimiento y culpa que carcomen el alma.

La tendencia natural es a empatizar con esa niña que es abusada. también es todo un reflejo de la realidad , que el sufrimiento no sólo se produce en la infancia, sinó que también se da en la vida adulta, nos contemos el cuento que nos contemos. Para la niña se da cierta ambivalencia que queda retratada en su escrito y que la adulta no puede sostener (por ello elimina el hecho o la gravedad del mismo). En parte, para la niña, tal y como aquí se expone, es una vivencia tierna, de amor y cariño en ocasiones; se siente especial, se siente querida y en confianza. Lo que ocurre es que accede cegada por la necesidad de agradar a quien le agrada, por el afecto, el respeto y la admiración que siente hacia la persona adulta y entonces es cuando cuesta reconocer y expresar aquellos momentos de incomodidad o desagrado que también quedan claramente expuestos en la película con escenas, no agresivas y en cambio muy violentas. De este modo, la sensación de que parte de aquello no es como debería, se incrusta en la víctima y puede incluso haber un destacable el sentimiento de culpa por haber disfrutado en alguno de esos momentos. Pero no perdura, y de hecho, llegado un punto, tal y como se muestra en la película, la niña descubre que en el fondo existe un rechazo. En este caso, su cuerpo se manifiesta con vómitos (señal clara de rechazo), y de hecho tiene el valor de acabar con la relación (lo cual no siempre es tan común y fácil). En cambio, la vergüenza le supera y queda en ella como un secreto incluso para ella misma, escondido en el olvido. Pues, se explica a ella misma que sus primeras relaciones fueron con un chico "algo" mayor que ella, sin más.

El trauma, pues, se da más bien cuando en la edad adulta la persona sufre contradicciones o le cuesta establecer relaciones de pareja sanas. El descubrir el abuso de confianza, la manipulación, la desprotección por parte de sus padres, el engaño... y todo eso siendo una inocente niña a la que hacen algo que puede ser hermoso pero que lo convierten en algo de los más deprorable y desagradable. Entonces, se da la tortura psicológica: el ¿cómo puede haber gente así?, el ¿por qué me hicieron esto?, el ¿fui única y especial o hay más?, el ¿cómo lo cuento?, el ¿cómo pido ayuda ahora?, el ¿qué hago ahora?, el ¿cómo pude haber tanta injusticia y pueden irse personas agresoras de rositas?...
Por todo esto, aprovecho, por si sirve de algo para validar aquellos testimonios de personas adultas que denuncian haber recibido abusos cuando eran niños/as y a quienes se les juzga, desvaloriza, desacredita o ridiculiza por haber tardado tanto en contar algo así. Quiero pues, dar un grito a favor de estas personas que, lejos de oportunismos, sacan a la luz algo así sólo cuando han podido hacer todo un trabajo personal al respecto. En esta cinta se cuenta sólo una primera parte, luego viene la aceptación, la confesión, superar la vergüenza y el juicio de los demás. etc, etc, etc. Todo son barreras y nadie debía poner barreras de este tipo a una criatura.






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