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PELÍCULA

Ficha técnica

Shame

Shame


Intérpretes: Michael Fassbender , Carey Mulligan , James Badge Dale , Nicole Beharie , Hannah Ware , Alex Manette

Título V.O.: Shame
País: Reino Unido Año: 2011
Fecha de estreno: 04/09/2011
Duración: 99 min.
Género: Drama



Sinopsis

Aparentemente un triunfador, en realidad un adicto al sexo: para escapar de su vida y atenuar su infelicidad. Fragmento de un lapso de la vida de Brandon. Lo tiene todo y en cambio... no tiene nada. h5.


Tráiler

Crítica de Cine al Filo

por Hoeman 16 abril 13

Finaliza y uno no sabe lo que pensar: ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué cojones es lo que acabo de ver? ¿Por qué estoy empalmado y al mismo tiempo compungido y asqueado, y tengo en mi interior una especie de sensación de vacío? ¿Por qué me ha dejado con ganas de más, acaso no ha terminado de forma prematura? ¿Coitus interruptus?

Lo que sé es que durante el tiempo que ha durado el filme no he despegado los ojos de la pantalla. Hipnotizado por el poder del sexo. Una vida dominada por el sexo: ¿os suena? Portentosa la actuación de Fassbender (en Cine al filo le dedicamos un artículo) como protagonista; que en cierta manera, aunque leve, me ha recordado a Christian Bale en American Psycho. Un tío guapo, atlético, extremadamente blanco, que se cuida, solitario, triunfador, con un buen puesto de trabajo y sueldo y una vida elitista, incapaz de comprometerse, adicto al sexo. Hasta aquí los paralelismos. Porque Shame tiene más trasfondo. Una de las cosas que más me ha molado de la dirección de McQueen es que dice mucho a través de las acciones; los diálogos son los justos y necesarios, en cierta manera para asemejar el largometraje lo más posible a la vida real, más teniendo en cuenta la personalidad de su protagonista: introvertido, independiente, aislado. Aislado físicamente y sobre todo anímicamente de la sociedad en la que vive. Incapacitado para la empatía, en gran medida por el embrutecimiento y el egoísmo que la propia sociedad transmite. El protagonista es un producto –epíteto éste perfecto- de la misma sociedad: que pese a que tiene todo para triunfar, y de hecho es un triunfador a los ojos de la misma sociedad, necesita autofagocitarse para “sentirse humano”. ¿Y cómo se autofagocita? A través del sexo. No parece, ni  mucho menos, una de las peores formas. El problema es que el hedonismo por el hedonismo no le produce placer más allá del corto plazo, sino que más bien le atrapa en un sumidero infernal en el que cada día que vive se adentra más y más, a merced. El porno, las pajas, las prostitutas, el sexo casual se convierten en una monotonía. Lo que resulta más perturbador es el rostro impertérrito, la sangre fría, la escasa emoción que demuestra cada vez que se encuentra, flirtea, liga, etc. con una mujer. Nervios de acero. Nada: es como si fuera incapaz de sentir. Las conversaciones son exiguas pero significativas: estoy pensando en la escena de la cena con la mujer negra (menuda potranca, por cierto) de su trabajo, y más específicamente, cuando remite a la inutilidad no ya del matrimonio, sino del compromiso. ¿Quién es tan iluso de creer que se puede amar exclusivamente a una única persona y para toda la vida? Agudo, certero,… y al mismo tiempo desolador. Porque no demuestra ni un ápice de ilusión con respecto al amor, es un descreído fiel a sus convicciones, y por tanto, incapaz de comprometerse e ir más allá del sexo sin sentimiento. Me parece loable su honestidad, ya que sí tiene convicciones, puede que inevitablemente impuestas por la sociedad que le rodea, pero suyas al fin y al cabo, que no traiciona. El largometraje nos muestra un amago, un intento por comprometerse con (al menos en el acto sexual-amoroso) la mujer de la cena, pero se muestra incapaz: “gatillazo” al canto.

El film contiene cierta ambigüedad. Yo lo interpreto como una severa crítica hacia la sociedad y el ser humano, pero caben alternativas. Ambigua también es la relación con su hermana: otro desvalido producto de la sociedad, de incontestable talento interpretativo-musical, con un amplio historial en intentos de suicidios. Decía que a mi juicio, la relación entre hermana y hermano no es convencional; incluso por lo que las imágenes remiten, uno puede pensar que entre ellos existe un amor que va más allá de lo fraternal. Brandon, el protagonista, sí siente cuando se trata de su hermana, y eso no le gusta, porque sobre todo sufre. El ser insensible, aunque hace todo lo posible por no demostrarlo (recordad la escena de la canción de la hermana, Sissy), en su fuero interno no es tan insensible. Y eso le trastoca: el castillo de naipes que domina su vida se derrumba. Las bases sobre las que se sostiene su mundo se quiebran. Su hermana le altera. Y bajo mi percepción, la alteración va más allá del inmenso amor que puedan sentir hermano y hermana de mismo padre y madre; creo percibir en las imágenes no sólo una atracción sexual, también una especie de amor que podría asemejarse al de una pareja. Cuando están solos desprenden fuego. Especialmente por parte del protagonista.

Para terminar, ya comentaba más arriba que una cosa de las que más me gustan del cineasta McQueen es la importancia que da a las acciones para acercarnos a nosotros, espectadores, a la realidad que se transmite. Creo que con el fin de que penetremos aún más en la narración, que sintamos de cerca lo que estamos viendo. Así se explican, por ejemplo, los minutos (!¡) que dedica en las secuencia del inicio de Brandon paseándose desnudo por la casa para ir a orinar, o cuando sale a correr: donde no sólo vemos a su persona corriendo sino que también se proyecta la ciudad, o la de la canción completa de Sissy (bellos de punta). Muy muy interesante.

Resumiendo: Shame me ha gustado mucho, pero me he quedado con ganas de más…


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